Acolman: origen de la tradición
San Agustín Acolman, en el Estado de México, es el pueblo donde se originó durante la Colonia el uso de las piñatas para las tradicionales posadas que se celebran cada año del 16 al 24 de diciembre. Situado a 40 kilómetros al noreste de la ciudad de México, muy cerca de Teotihuacán, es uno de los lugares donde los monjes agustinos se establecieron en el siglo XVI e introdujeron las piñatas en sus campañas evangelizadoras. Esta labor se facilitaba porque en el México prehispánico festejaban el advenimiento de Huitzilopochtli (Dios de la guerra) durante la temporada invernal. Los agustinos promovieron la sustitución de Huitzilopochtli por Jesucristo, manteniendo la celebración en la misma época del año pero introduciendo tradiciones cristianas y el uso de la piñata como objeto simbólico. Hoy el pueblo conserva la tradición y cuando se acerca el fin de año, las actividades rurales se combinan con la producción de piñatas en pequeños talleres artesanales.
Todas las piñatas deben tener dos orificios en la parte superior que permiten pasar una cuerda para colgarla y maniobrarla. Así se mueve para dificultar la tarea del golpeador en turno. La tradición indica que la persona que tenga el palo deberá estar con los ojos vendados y dar 33 vueltas que representan los años que vivió Jesús. Una canción o ronda compaña este evento. La más conocida es:
"Dale, dale, dale / no pierdas el tino/ porque si lo pierdes/ pierdes el camino.
Ya le diste una/ ya le diste dos/ ya le diste tres/ y tu tiempo se acabó"
Aunque algunos también cantan: "No quiero oro, / ni quiero plata / yo lo que quiero/ es romper la piñata".
Las piñatas tradicionales, que se apegan al folklore mexicano y se utilizan en las posadas, se elaboran con un recipiente de barro cubierto con papeles de colores brillantes de donde salen siete picos hechos de cartón que forman una estrella multicolor de la que cuelgan listones de papel. |