RESPALDO

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  O T U M B A
   
   
 
   
   

 

NOMENCLATURA

Se compone, en mexicano, de otomitl, indio otomí, y de pa o pan, en: y significa:”En los otomíes”. Esto es, donde moran y viven.

 

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Tomados de la 1ª  Monografía de los municipios del Estado de México elaborada en 1971 por mandato del entonces Gobernador Profr. Carlos Hank González.

Otumba posee un pasado rico en sucesos históricos que abarcan desde la época precortesiana hasta nuestros días. Su vecindad con la zona arqueológica de Teotihuacán, lo incorpora al escenario de esa gran realización humana, cuya importancia queda comprendida en los anales de la cultura universal.

Sin embargo, el pasado prehispánico de este municipio no ha sido estudiado con profundidad, aunque todos los historiadores convienen en que la cercanía con Teotihuacán es un dato que no podía soslayarse jamás. Quienes hayan vivido en Otumba, recibirían la influencia de los teotihuacanos más que otros pueblos lejanos. Se supone que los habitantes del municipio eran otomíes.

Existen en la Cabecera ruinas arqueológicas no exploradas y también en Oxtotipac.

En el año 1200 una gran parte de los otomíes de Xaltocan fue desalojada por Xaltotl, de parte de esa región. La vecindad de Tezcoco dió gran impulso a los otomíes que en el territorio de Otumba se mantuvieron hasta la conquista española, hablando otomí y náhuatl.

Por las desaveniencias entre los hijos de Nezahualpilli, en el año de 1518, Ixtlilxóchitl hizo de Otumba y de Acolhuacan el asiento de su trono.

A la llegada del conquistador español era una ciudad bastante importante y se calcula que constaba de unas 4,000 casas. Considerada como barrio de la capital del Reino de Acolhuacan, nos dice Cortés en sus “Cartas de Relación” que “la dicha provincia y Señorío de Haculuacán (tiene) otras aldeas y alquerías en mucha cantidad y muy buenas tierras y sus labranzas. Confina todo este Señorío, por la una parte con la provincia de Tascaltecal, de que ya a vuestra majestad he dicho…”

Al avanzar Cortés sobre Tezcoco a su llegada en 1519, una comisión de habitantes de Otumba fue a rendirle vasallaje y a pedirle auxilio. Nos dice Cortés, en esas mismas Cartas, que: “… otro día siguiente vinieron a esta ciudad ciertos mensajeros de la ciudad de Otumba y otras cuatro ciudades que están junto a ella, las cuales están a cuatro y a cinco y a seis leguas de Tesuico (Tezcoco), y  dijèronme que me rogaban les perdonase la culpa, si alguna tenían, por la guerra pasada que me se había hecho; porque allí en Otumba fue donde se juntó todo el poder de México y Temixtitan cuando salíamos desbaratados de ella, creyendo que nos acababan… ”

Después de la Noche Triste, el 8 de julio de 1520, Hernán Cortés llegó a la llanura que se extendía entre Axapusco y Otumba, cerca de las nueve de la mañana, y allí tuvo lugar una de las batallas más feroces e importantes en toda la campaña de la conquista española. Optamos por la narración que de ella hace Marcos Arróniz porque nos parece la más vívida.

“Al descender de los cerros se veía la llanura como si estuviera cubierta por una gran nevada, que así eran de innumerables las cotas de algodón de los aztecas (…) Cada jefe indio hacía alarde de su pompa agreste y militar equipo. Se veían oriflamas vistosas, bruñidos escudos, cascos fantásticos, el maquahuitl o espada de obsidiana, y selvas de lanzas: todo mezclado y agitándose enfáticamente como a las órdenes de la muerte. Por fin los españoles pusieron su intrépido pie en el llano, y el enemigo se dividió en dos partes para dejarlos llegar hasta el centro y luego ahogarlos con sus dos formidables brazos. Pero los cristianos presentaron un escollo de hierro a aquel mar de guerreros. No se oía el trueno del cañón, ni el estrépito del arcabuz; sólo el crujido del acero. Los aztecas atacaban con furia, y después de pagar un tributo de sangre al valor de los españoles, se retiraban perseguidos por la caballería, que a su vez cejaba al choque de los innumerables y apretados batallones enemigos. Se respiraba un momento (…) pero los españoles se engolfaban más y más en aquel océano de hombres; todos casi estaban heridos, aún el mismo Cortés, quien viendo muerto su caballo, se vió obligado a tomar otro; la pérdida de sangre los obligaba a flaquear; los caballos retrocedían espantados a pesar de los jinetes, la refriega había durado ya algunas horas, y la destrucción de los cristianos era sólo cuestión de tiempo. Los enemigos recibían tropas de refresco y redoblaban sus ataques para acabar con aquel grupo de bravos. Cortés olvidando por un momento la manera de aumentar la carnicería sobre el enemigo, conoce que antes de destruir la cuarta parte de él, las fuerzas de los suyos se habrán agotado, y su perdición será horrorosa e indefectible; así es que busca por otro camino la victoria. Levantándose sobre los estribos para dominar a los contrarios, y alcanzó a ver a lo lejos un jefe que reconoció debía ser el primero entre los aztecas. Iba cubierto con un manto de plumaje y un penacho de hermosas plumas de colores angastadas en oro y cubiertas de piedras preciosas, que en su cabeza ondulaba. Se veía por su espalda una pequeña asta que llevaba una red de oro por pendón, con que se calificaba el grado de general entre los mexicanos. Este era el cacique Cihuaca, que venía en una litera, y una guardia de nobles aztecas los circundaba, notables por el vigor de la juventud, la riqueza de los trajes y la bélica postura. 
No bien fijòse la vista de águila de Cortés sobre este personaje, cuando brilló una súbita inspiración y la esperanza de victoria en su rostro. Rápido se dirige a los caballeros que lo acompañaban, entre quienes se contaban Sandoval, Alvarado, Olid y Ávila, y señalándoles al jefe, les dice: “allí está nuestro blanco; seguidme y ayudadme”. Luego hiriendo los ijares del caballo, al grito de guerra, se avalanza hacia él como el león a su presa. Los primeros enemigos son aplastados bajo los ferrados cascos de su caballo, los otros derribados por su lanza, hasta que alcanzó al jefe azteca, y lo hizo rodar por un golpe de aquella su arma; entonces un joven caballero, Juan Salamanca, que iba a su lado, salta del caballo y apoderándose del pendón, lo pone en manos del héroe. Todo pasó como un relámpago. Desconcertada la guardia por el tremendo asalto, huyó esparciendo un terror pánico en el ejército, porque aquel suceso inesperado hirió sus mentes supersticiosas. En confusión y atropellándose unos a otros abandonaron el campo de batalla. Esta fue la famosa batalla de Otumba u Otumpan, dada el 8 de julio de 1520, contra un ejército de doscientos mil mexicanos, que perdieron en el combate unos veinte mil hombres.
Las consecuencias de esa victoria fueron inmensas; ellas dieron la fe ciega en su superioridad a los españoles (…) Los indios por el contrario se cercioraron más y más en que aquellos hombres blancos eran los que debían venir del oriente a someterlos, conforme a sus misteriosas profecías, y por último sirvió también  para afirmar la alianza con los tlaxcaltecas, indispensable al buen éxito de la guerra. Bernal Díaz del Castillo no cesa de referirse a esta batalla, cada vez que le es posible, y que él sitúa en el 14 de julio de 1520. Así nos dice que: “Digamos ahora, ya que escapamos a todos los trances por mí atrás dichos, quiero dar otra cuenta, que tantos nos mataron así en México como en puentes y calzadas, como en todos los reencuentros y en esta  de Otumba, y los que mataron por los caminos; digo que en obras de cinco días fueron muertos y sacrificados sobre ochocientos sesenta soldados, con setenta y dos que mataron en un pueblo que se dice Tustepeque, y a cinco mujeres de Castilla; y estos que mataron en Tustepeque eran los de Narváez, y mataron sobre mil y doscientos tlaxcaltecas”. Y agrega:
También he estado mirando cuando dice en lo de la batalla de Otumba, que dice que si no fuera por la persona de Cortés, que todos fuéramos vecinos, y que él solo fue el que la venció en el dar como dió el encuentro al que traía el estandarte y seña de México. “Y más adelante”… más se decir que en este de   Otumba fue la nombrada batalla que nos dieron cuando salimos huyendo de México, a donde estuvieron juntos los mayores escuadrones de guerreros que (ha) habido en toda la Nueva España contra nosotros…”Y concluye… Pues en la derrota y muy nombrada guerra de Otumba, cuando nos estaban esperando toda la flor y valientes guerreros mexicanos, y todos sus sujetos para matarnos, allí también se mostró muy esforzado cuando dió un encuentro al capitán y alférez de Guatemuz, que le hizo abatir sus banderas que con tanto esfuerzo contra nosotros peleaban (…) también hubo animosos varones que ayudaron muy bien, y quien luego mató al capitán del estandarte fue un Juan de Salamanca, natural de Ontiveros, y le quitó un rico penacho y se lo dió a Cortés (…) y escapamos de aquella derrota cuatrocientos cuarenta soldados y veintidos caballos, y si no saliéramos huyendo a media noche, allá quedáramos todos…”

Francisco López de Gòmora, apoya las palabras de Bernal, cuando expresa: “No ha habido más notable hazaña ni victoria en Indias después que se descubrieron; y cuantos españoles vieron pelear este día Fernando Cortés afirman que nunca peleó hombre como él, ni los suyos así acaudilló, y que él sólo por su persona los libró a todos.

Los franciscanos evangelizaron la región desde 1524 y su primera residencia quedó terminada en 1527. El templo que existe hasta la actualidad fue construido en el siglo XVII. El convento se quemó, pero en 1791 fue reparado conservando su planta original y pasó al clero secular en 1796.  

A este respecto, el Prof. Caballero Bernard, nos recuerda lo siguiente en su libro sobre los conventos del siglo XVI:

“Corría el año de 1580, cuando don Lorenzo Suárez de Mendoza, conde de la Coruña y Virrey de la Nueva España, implantó la costumbre de ir a la población de Otumba para recibir a su sucesor a fin de que éste llegase a la capital ya con el Sacro Caduceo en sus manos y como autoridad máxima de la Colonia, en representación de S.M. el Rey de España y de las Indias, costumbre que perduró por más de doscientos años, habiéndose incluso llegado a construir una residencia en dicho lugar, a fin de que el nuevo mandatario descanse durante algunos días y repusiese sus fuerzas para asumir su cargo.

En 1524 nuevas gentes pusieron sus ojos en Otompa; éstos fueron los frailes misioneros franciscanos que por el año de 1527 fundaron por fin su convento, poniéndose bajo la advocación de la Concepción de la Virgen, y que fue reconstruido en 1791.

Aquí en este convento vivieron dos frailes notables en la historia eclesiástica de la Nueva España; uno de ellos era Fran Juan de Romanones, conocido como “Gran Lengua”, por su habilidad para dominar las lenguas y vocablos indígenas, así como por su facilidad para predicar en ellas; el otro un frailecillo insignificante en cuanto a su físico, Fray Francisco de Tembleque. Este, apiadándose de los indígenas que bebían agua lodosa acumulada en los jagüeyes durante la época de lluvias, se lanzó un día a construir esa maravillosa obra de ingeniería hidráulica conocida como el acueducto de Zempoala, o como los Arcos del padre Tembleque, a fin de traer agua fresca y limpia al pueblo.

En la actualidad, del Convento de la Concepción de la Virgen desaparecido casi en su totalidad; solo quedan en pie el templo que muestra sus continuas reconstrucciones y adaptaciones, no siempre atinadas, y la arcada que reúne en una sola unidad  a la portería y a la capilla abierta.

Este Convento fue declarado Monumento Nacional el 30 de marzo de 1933.
El acueducto de Zempoala nace al pie del cerro del Tecajete, donde Fray Francisco de Tembleque localizó las fuentes de agua, se dirige hacia el sur en un recorrido de 34 kilómetros bordeando el lomerío y cruzando los barrancos.

A unos 8 Km. de su inicio, tiene una desviación o ramal, que atraviesa por la hacienda de Santa Inés Amiltepec y en cuyo lugar construyó la primera arquería, la cual consta de 46 arcos; esta desviación fue lo primero que se construyó y se hizo con la intención de proveer de agua  a la población de Zempoala, que era la dueña de los manantiales, a fin de que por este servicio autorizaran la construcción del caño principal hasta Otumba.

Prosiguió el padre con su acueducto, el cual de extremo a extremo solo tiene una diferencia de 200 a 250 metros entre su altura.

Más adelante cruzó un pequeño barranco construyendo una segunda arquería, ésta de trece arcos, logrando por fin llegar a las afueras del pueblo de Tepeyahualco, lugar donde se encuentra la arcada mayor, que es la que le ha dado fama y convierte al acueducto en uno de los más grandes y altos del mundo, superando ampliamente al famoso acueducto de Segovia, España, construído por los romanos en tiempos del Emperador  Augusto y reconstruído en 1484 por orden del Rey de España.

En la barranca de Tepeyahualco, el acueducto del padre Tembleque presenta 68 arcos, alcanzando en su mayor altura 38.75 metros; o sea 14.75 metros más que la nave central de la catedral de México y 10 metros más que el acueducto de Segovia. Alcanza una longitud de 1,020 metros de largo contra 782 metros que ofrece al acueducto español.

Puede decirse, pues, que se trata de la arcada más larga del mundo y es la segunda en altura, solo superada por el acueducto de Xalpa, con  58.80 metros de altura, construido por los jesuitas en el siglo XVII para hacer llegar el agua a su colegio de Tepotzotlán.

El arquitecto Ricardo Robina consigna el hecho de que en la construcción de la arquería se emplearon 45,000 toneladas de piedra y mampostería.

Para la construcción de los arcos fue necesario levantar unas cimbras de adobe, de las cuales todavía es posible hoy en día ver parte de ellas entre los arcos.

El acueducto fue comenzado en 1554 y se terminó en 1571”.

El Pbro. Tepextoco, indígena noble, cura de Otumba asociado al Pbro. Epigmenio de la Piedra, quiso establecer en 1830 una monarquía con descendientes de la nobleza indígena. El más ilustre de los párrocos tal vez ha sido don Ángel María Garibay, que de ahí salió para brillar como insigno humanista nahuatlaco.
 
Se erigió como municipalidad en 1821 y fue elevada la cabecera a la categoría de Villa el 14 de noviembre de 1861, agregándosele el nombre de Terán, en honor del patriota general Thame y Terán que se suicidó en 1832.

Por decreto del 15 de abril de 1877 recuperó la categoría que había tenido, decretando la Legislatura del Estado de México que en lo sucesivo se llamara Ciudad Otumba  de Gómez Farías, mientras el Distrito Rentístico y Administrativo de Otumba llevaría el nombre de Morelos,  esta última designación que ya no se emplea.

Completamos el presente capítulo, dando la equivalencia en español de los nombres indígenas originales de algunas poblaciones.

OTUMBA.- Corrupción de Otompa u Otompan, que se compone, en mexicano, de otomitl, indio otomí, y de pa o pan, en; y significa: ”en los otomíes”, ésto es, donde moran ó viven.

AGUATEPEC.- Corrupción de Aguatepec, que se compone, en mexicano, de áhuatl, encino, tepetl, cerro, y c concentración de co; y significa: “en el monte de encinos”.

AXALCO. A, agua; xalli, arena; co, lugar. “Lugar de arena en el agua”. (Olaguíbel)

AXOLOAPAN. Axolotl, ajolote; apan. “Lago de los ajolotes”. (Olaguíbel)

COAMILPA.- Se compone, en mexicano, de coatl, culebra, de milli, sementera, campo, y de pa, en; y significa: “En el campo de las culebras”.

Es mejor “en las tierras comunales”, pues coatl no siempre significa culebra, sino muchas veces significa “cosa común a otros” (Garibay K.)

COYOTEPEC.-Mexicano. Coyotl, coyote, tepec, cerro. “en el cerro del coyote” (Olaguíbel)

CUAUHTLAZINGO.- Cuautla, bosque; tzinco, partícula diminutiva. ”En el pequeño Cuautla”. (Olaguíbel)

CUATENGO.- Cuauhtengo, mexicano. Cuauhuitl, árbol; cuauhtla, donde abundan los árboles, bosque; ten, tentli, labio; co, lugar. ”a la orilla del bosque”. (Olaguíbel)

OXTOTIPAC.- Oztotipac. El nombre correcto es Oztotlicpac, que se compone, en mexicano, de oztotl, curva, y de icpac, encima; y significa: “encima de la cueva”.

TLALTICA.-Mala variante de Tlalpicpan, Tlalticpac: “Sobre la tierra de labranza”. Tlalli, icpac.

XOLCO.- (Náhuatl) “Doble”, “duplicado”. (Garibay K.)

TOLMAN o TOLIMAN.- Se compone, en mexicano, de tollin o tullin, juncia o españada, de que hemos formado el aztequismo “tule”, y de man, apócope de mani, participio activo del verbo ma, coger con la mano, cautivar, cazar, etc., derivado de maitl, mano; y significa:”donde cogen o cortan tule”.

TLAHUICO.- Tlahuilco. El señor Olaguíbel, sin descomponer la palabra, traduce:”Lugar de riego”.

El nombre se compone de tlahuilli, claridad, luz de candelas (Molina) y de co, en; y puede significar: “En la iluminación”. No es posible determinar la luz a que se refiere el nombre.

El señor Olaguíbel confundió tlahuilli con tlahulili, de que se forma tlaahaililco y Tlaahuililpan, que significan: “En la huerta regada”.

El Dr. Garibay K. da como buena la definición del señor Olaguíbel.

TLALTECAHUACAN.- Tlalli, tierra, teca, cortada o dividida; hua, dueño; can, donde. “Lugar de los dueños de tierras dividas”. (Olaguíbel)

TOCUILA.- El nombre propio mexicano es Toocuilla, que se compone de to, sílaba inicial de tomahuac, cosa gorda, de ocuilin, gusano, y de la, variante de tla, que expresa abundancia; y significa. “donde abundan los gusanos gordos”. Cuando se habla de gusanos gordos y no del lugar donde se producen, se dice; tomahuac ocuilin.

El señor Olaguíbel dice: “To-ocuila: To, nuestros, ocuilin, gusanos. Donde abundan nuestros gusanos. Se trata de los de maguey”.

Esto no es exacto, porque gusanos de maguey se dice me-ocuilin que se compone de metl, maguey, y de ocuilin, gusano; y como nombre del lugar seria Meocuilla.

XALMIMILOLPAN.- Xalmimilulpan. El señor Olaguíbel Dice: “Xalli, arena, mimiloa, rodar; pa. “Sobre la tierra rodada”.

El nombre propio mexicano es Xalmimilolpan que se compone de arena, de mimilolli, pilar, columna, y de pan, sobre; y significa:”Sobre arena en forma de columnas o pilares”.

XOCHIHUACAN.- Se compone, en mexicano, de Xochitl, flor de hua, que expresa posesión, y de can, lugar; y significa: “Lugar de los que tienen flores”.

OZTOYAHUALCO.- Oztotl, cueva; yahualli, cosa redonda, circulo; co, lugar. “Lugar rodeado de cuevas”.

PALAPA. Pa, sobre; lapa, ciénaga. “Sobre la ciénaga”. (Olaguíbel)

TEPA.- Telt, piedra; pa, sobre. Literalmente pedregal.

TEPETITLAN.- “Un cerro con dos dientes en medio, forma una escritura figurativa y fonética, el primero de tepetl, que significa cerro o sierra; los expresan la terminación tlan, unida a la ligadura eufónica ti. Tepetla es serranía o montañas, Tepetitlàn, entre los cerros. Tepetitlàn significa “Lugar situado entre cerros”. (N.G.)

TLACATECPAN.- Tlaca, persona; Tecpan palacio. “Palacio de los nobles (Olaguíbel)

TLALCOYAC.- Tlalcoa, comer tierra; ya, partícula verbal; c. en. “Donde hay comedores de tierra”. Puede ser también: ”en la extremidad de la tierra torcida o curva”.

Dirección de Prensa y Relaciones Públicas del Gobierno del Estado de México

 
 
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