NEZAHUALCÓYOTL ACOLMIZTLI
(1402 - 1472)
Al salir el sol del 28 de abril de 1402, día que entonces se llamaba ce mázatl, "1 Venado", del mes tozoztontli , "vigilia pequeña", del año ce tochtli , "1 Conejo", nació en Tetzcoco, capital del señorío de Acolhuacan, situado al noreste del valle de México y al borde del gran lago, el príncipe Nezahualcóyotl Acolmiztli; sus nombres que significan "coyote ayunador" y "brazo o fuerza de león", respectivamente.
Era hijo de Ixtlilxóchitl Ome Tochtli o Ixtlilxóchitl el Viejo, y de Matlacihuatzin. El Señorío Chichimeca de Acolhuacan era uno de los más antiguos del mundo nahua y sus habitantes se tenían por sucesores de los legendarios Toltecas.
Desde los últimos años del mundo indígena hasta nuestro tiempo, el Señor de Tetzcoco ha sido una figura legendaria, de múltiple fama. En Nezahualcóyotl se unían de manera excepcional las aptitudes a menudo irreconciliables del guerrero, el gobernante, el constructor, el sabio en las cosas divinas y el poeta, dentro de las características que estas actividades tenían en el mundo indígena. Pero además, él fue un hombre que trascendió a su tiempo, por las indagaciones espirituales que formuló y por la organización administrativa y la estructura legal que dio a la vida de su pueblo y singularmente por las instituciones culturales que estableció, como fueron los archivos de los libros pintados, las escuelas y consejos superiores, las academias de sabios y poetas, las colecciones de flora y fauna y aún por el cuidado de la lengua que distinguía a sus dominios. Dentro del mundo nahua del siglo anterior a la conquista, él representa una tradición moral y espiritual, la herencia tolteca de Quetzalcóatl, que intentó ponerse a la concepción místico-guerrera de los aztecas.
El largo periodo de estabilidad y prosperidad civilizada que fueron para Tetzcoco los 41 años de gobierno de Nezahualcóyotl que habrían de continuarse con el también feliz gobierno de su hijo Nezahualpilli, que se extiende hasta 1515, hizo del Señor de Tetzcoco una figura de leyenda: sabio y piadoso, guerrero y poeta, legislador y constructor. Si algo de su fama ha trascendido en los siglos, en su tiempo, ésta debió multiplicarse y convertirlo en un paradigma de todas las virtudes. Los azares y contrastes de su vida: aquella infancia desvalida y amenazada, la audacia juvenil con que retó el peligro y fue preparando la reconquista de su señorío, su visión y habilidad como gobernante, su peculiar sentido de esplendor compartido, visible en su preocupación por las obras de servicio y ornato público, y el singular equilibrio que mantuvo entre la actividad práctica y la capacidad filosófica y poética, todo parecía contribuir para hacer de él un personaje legendario, un gobernante de "mucha y célebre memoria". |